En México, 36.9 por ciento de personas adultas vive con obesidad, y en 2030 podría llegar a 45 por ciento.
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¿Será la genética responsable de esta situación?
No eres tú, es tu genética, ¿Te suena familiar? Ya sea que tú lo hayas dicho o hayas escuchado a otros echarle la culpa a los genes, es una justificación muy común a la hora de hablar del sobrepeso y la obesidad, no eres tú, es tu genética. Y en cierta forma, esto es verdad, de hecho, la herencia genética no es un concepto nuevo, desde 1865 se hablaba de ella, de hecho a Gregor Mendel se le conoce como el padre de la genética porque describió las leyes básicas de la herencia a través de experimentos que llevó a cabo en el jardín de su monasterio con plantas de guisantes, esto lo llevó a describir cómo se transmiten las características de una generación a la siguiente, tanto los rasgos dominantes como los recesivos, proporcionando las bases de la genética moderna.
La genética se puede definir como el estudio científico de los genes y la herencia, es decir, cómo ciertas cualidades o rasgos se heredan de padres a hijos como resultado de cambios en la secuencia de ADN, por otro lado, un gen es un segmento de ADN, el cual contiene las instrucciones para elaborar una o más moléculas que son necesarias para el funcionamiento del cuerpo humano.
Sin embargo, cuando el genoma humano se estudia sólo a través de la información secuencial de ADN, no se explica del todo el alto nivel de variación inter-individual usualmente observado. De ahí que se hayan buscado otras explicaciones tales como la epigenética, que es un campo de estudio centrado en los cambios del ADN que no implican alteraciones de la secuencia subyacente. El término ?epi? es un prefijo griego que significa por encima y junto con la palabra genética transmite la idea de ?por encima de la secuencia base de ADN?.
????????"Epigenética, ¿cómo el entorno modifica nuestros genes?"
De ahí que la epigenética permita explicar aquellas variaciones de expresión génica como un proceso reversible y hereditario en el corto plazo, bajo la influencia del medio ambiente durante diversas etapas del desarrollo y la edad adulta, sin modificar la secuencia genética.
Sabemos que la genética desempeña un papel importante en la explicación de la variación en el peso, la altura y el IMC desde la primera infancia hasta la adolescencia tardía, particularmente en los niños y hay estudios que estiman el rango de heredabilidad de la obesidad en 50%, es decir, afirman que la mitad de la contribución en la obesidad común está dada por los genes, pero también se ha demostrado que factores ambientales comunes ejercen una fuerte influencia de manera significativa en los años pre-adolescente, lo que enfatiza la necesidad de centrarse en las intervenciones familiares y sociales en la primera infancia, especialmente en el caso de las mujeres.
Una forma sencilla de entender este concepto es con la analogía de un apagador de luces digamos que genéticamente tienes predisposición a la obesidad es decir, tienes instalado un foco que funciona, la epigenética te permite encenderlo o apagarlo en función de cuestiones ambientales como tu alimentación, tu actividad física y tus hábitos en general.
Definitivamente no estás condenado al sobrepeso u obesidad incluso si la mayoría de tu familia lo presenta, en tus manos está encender o apagar el gen.
Te comparto algunas recomendaciones para apagar el gen de la obesidad:
Antes de comer identifica si es hambre real o emocional, ¿te sientes estresado o triste? haz una pausa, toma agua y respira, asegúrate de que de verdad tienes hambre y no ansiedad por comer.
Si viene de una planta consúmelo. Incluye frutas y verduras en tu alimentación.
Si está hecho en una planta evítalo. Evita los alimentos altamente procesados y las bebidas azucaradas.
Escucha tu cuerpo, mastica cada bocado y disfruta tus alimentos, así permitirás que la señal de saciedad llegue de tu estómago al cerebro sin que comas de más.
Realiza actividad física, no es necesario que pases horas en el gym, encuentra una actividad física que disfrutes para que seas constante.
Hidrátate correctamente, muchas veces pensamos que tenemos hambre cuando en realidad tenemos sed.
Duerme bien, durante la noche producimos la hormona del crecimiento que además de controlar el crecimiento del cuerpo se encarga del uso de la glucosa y la grasa del cuerpo.